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Mi obra no es imagen pasiva; es un latido, una herida en el lienzo del mundo. Pinto porque las palabras no bastan, porque la realidad es demasiado estrecha para contener lo que habita en mí. Cada trazo es un grito, una pregunta, un eco en la memoria
.
No busco complacer, sino confrontar. Mis colores resisten, mis texturas son cicatrices. No represento lo visible, sino lo que se oculta bajo lo cotidiano. Mi arte exige una respuesta, aunque sea el silencio.
Pinto desde la urgencia, desde la necesidad de retratar las luces y sombras del ser humano. En cada obra conviven la fragilidad y la fuerza, la duda y la certeza, lo efímero y lo eterno. Mi pintura es un reflejo de esa dualidad, un intento de capturar la esencia cambiante de nuestra existencia.